viernes, julio 31, 2009 - 23:59

Él nos observa parado frente a la estufa y nosotros lo observamos a él, protagonista. Morirá demasiado joven. Tiene alrededor el brillo de estar pasando el vano de una puerta desde un cuarto muy oscuro hacia uno muy iluminado, y lo miro desde el oscuro. Se percata de esto y me pregunta cómo se ve alguien que pronto va a morir, si tiene algo así como un sentimiento épico. Le respondo que siento claustrofobia temporal, encerrado en demasiado poco tiempo, y que efectivamente lo veo pasando una puerta, eligiendo las palabras, expresando enseñanzas y tareas escondidas, todas para nosotros. Que de forma tácita está por arriba nuestro. Él asiente. Sabe que ya no puede dejar la huella que quería dejar. Como sus amigos, intelectuales a nuestro modo, imagino que debemos continuar su obra, y de ser así, sabe que no tiene ningún control sobre las direcciones que tomemos. Lo imagino, por este desprendimiento de responsabilidad, liberado e, incluso, contento. Pero al pensar con menor profundidad el está ahí, visiblemente queriendo quedarse. Uno de nosotros le dice que se ve bárbaro, a lo que él responde con sus conceptos sobre la belleza, lo bueno y lo malo, su comprensión de la vida y lo que vemos de ella; demasiada respuesta, demasiado vivo. Reacciono, así que les pregunto si quieren algo de beber, me dan sus elecciones, preparo las bebidas, tomo una lapicera, un cuaderno, un micrófono y una cámara. Realmente sucede. De alguna manera, hay que registrarlo.

martes, junio 30, 2009 - 23:59

Se mueve, por lo tanto, existe. Por lo tanto, uno solo no puede existir. Por lo tanto, para que haya existencia, se necesita más de un elemento.

domingo, mayo 31, 2009 - 03:56

Estoy totalmente descontrolado, desconado, desastroso. Mucho más alarmante aún por el nivel de tranquilidad de mi descontrol, como navegando lentamente hacia las rocas, coqueteando con el naufragio. O quizá, la analogía más precisa es que el barco es demasiado grande para un solo tripulante. Eso es, el barco es mi imagen, mi cáscara, y es un monstruo, otra vez, un maldito monstruo. Sabía que pasaría de nuevo, pero no pensé que sería tan rápido. Demasiado rápido y yo tan lento... y barato. Mi pesadilla más recurrente es no poder correr, queriendo con todas mis fuerzas, inclinándome hacia adelante, casi escalando el suelo, paso a paso. Al menos, con veinticinco vueltas al sol, giré y no había nada ni nadie persiguiéndome, mis delirios de grandeza se tornaron en la desesperanza de la insignificancia. Pero las pesadillas son entretenidas, y suceden al dormir. Más molesto es ir a dormir. La conciencia tranquila, pero tanta ansiedad, tantos estallidos espontáneos. Obvio, sólo y sin distracciones ni ruidos, no hay nada que disimule semejantes rocas.
Consecuencia de esto, algo que me molesta mucho es que doy razones para que mi familia pueda decir «adiós, hermoso potencial». Me encantaría decir que es todo parte de un esquema o proceso, pero no puedo. Y de alguna manera, Batman se convirtió en mi mejor aliado para generar ruido.
Hace unos días pensé algo que me resultó terrible. Había personificado a la supuesta realidad omnisciente, e instantáneamente ésta se reía de nosotros. Todo nuestro conocimiento es una imagen muy vaga, espectacularmente incompleta para un ser omnisciente, tanto la ley más verificada como el arte más brillante le resultarían tremenda pelotudez. En este sentido, nuestro conocimiento es un emulador de la realidad, y nuestra creatividad, un simulador. Ella sabe todo de nosotros, y nosotros nada de ella. Es un misterio permanente. Se me ocurrió que podríamos nivelar la balanza al entender cómo funciona, dando las definiciones de las que surgen todas la demás definiciones, un golpe mortal a un ser inmortal. No podríamos eliminar el misterio porque no podemos serlo todo para saberlo todo, pero tendríamos mejores herramientas para poder definir lo que necesitemos definir. Sería un peldaño más en una escalera infinita. Aún así se reiría de nosotros. Aún sabríamos muy poco. Muchas heridas mortales por las que el misterio inmortal no puede morir. Podría, pero no puede. El conocimiento conoce su techo al conocer su incapacidad para revertir su propia desaparición. Pero, entretanto, descubrimos, vivimos, y risas de fondo.

martes, mayo 12, 2009 - 23:43

¡«Me querrás para pensarte...» cumple hoy seis años! ¡Fiesta! Y festejemos. Festejemos porque ya no queda nada por qué festejar. Sólo hay lo que hubo siempre, nada nuevo ni nada más. Siluetas opacas, ya sin brillo, desvaneciéndose en nubes. Cuesta cada vez más unir los puntos, y muchos ya son difíciles de recordar. Nuestras vidas crearán estelas por las que nunca será posible conocer las naves que las causaron. Festejemos y desvirtuemos todo por unos momentos, porque no hay nada de qué festejar. Que quien quiera se invente un motivo, nadie más lo necesita escuchar; y mis sinceras felicitaciones al que no tenga que inventar.

jueves, abril 09, 2009 - 23:25

Es raro otra vez esta situación de despertarme y no hacer absolutamente nada. Todo ha mejorado pero no tanto como esperaba respecto a la cantidad de tiempo que pasó. Así que escribo algo mínimo acerca de su cara, la sonrisa irrepetible, como para sentir más aprovechado el día. Sí, todo un día aprovechado al hablar de un instante precioso, derivando en esto, nuevo, pero sin pretender valer más. Ví esa sonrisa irrepetible y era suya, un regalo. Para mí, formada desde una expresión ya olvidada, con los ojos tiernos, en un lugar que podría ser cualquiera. Podríamos jugar con el tiempo, verla de todos los ángulos, conocerla completamente, pero esos serían datos extraños, no hay nada que hacer. Es mía y no la tengo, no puedo expresarla, apenas puedo recordarla, un análisis no cambia su valor.

martes, marzo 31, 2009 - 23:04

Hay tantas sucesos, no se puede hablar de todos. Un poco de inspiración, algo de imaginación, una pizca de soberbia, y ya estamos en los aires otra vez, probando, desaprobando o corroborando minúsculas teorías de una idea mayor aún no expresada formalmente. Observando gente siendo barrida entre asuntos, esas personas atrapadas en la escoba. Oh, ustedes, graciosas criaturas atareadas. Ahora entendemos a los dioses, ellos son iguales a ustedes salvando hormigas. ¿Cómo explicarte que no hay motivaciones profundas en salvarte o no salvarte, en joderte o no joderte, que su interacción contigo fue por una idea casual, del momento, porque sencillamente se les ocurrió? Y encima crees que a los dioses les importa si te pisa o no un gran zapato. Y además piensas que siguen tu vida como si fuera una historia interesante. Nuestras escalas son tan pequeñas. Has salvado y matado hormigas, pero no te consideras contradictorio, porque no tienes un principio, una idea, sobre qué hacer respecto a las hormigas, después de todo, sólo son hormigas. ¿Cómo explicarte tu pequeñez y la poca importancia de tus valores desde aquí arriba? ¿Cómo explicarte que arrancarle las alas a una mariposa o los brazos a un hombre no generan grito suficiente que sus oídos registren como un dolor insoportable? ¿Cómo podría explicarte que no importas si lo hiciera desde tu misma escala? Encuentra algo de inspiración, usa la imaginación y una pizca de soberbia, sube a estas alturas, observa, y saca tus nuevas propias conclusiones.

domingo, febrero 08, 2009 - 23:03

¿Cuándo "sí" y "no" significan lo mismo? Una pregunta clave. En realidad, podríamos decir que son dos preguntas, y las respuestas son dos. La más usual es con la mirada hacia el futuro, la consecuencia: "sí" y "no" significan lo mismo cuando el resultado de elegir uno y no el otro sea el mismo. La otra respuesta, la que más me interesa ahora, es con la mirada hacia atrás, la causa: "sí" y "no" significan lo mismo cuando la elección entre uno y otro es arbitraria, entendiendo la arbitrariedad como una concatenación de azares; o sea, una elección azarosa.
Algo menos importante para mí, pero más divertido, es pensar que una elección no significa nada en ningún momento, cuando fue tomada de forma azarosa y su resultado fuera el mismo sin importar lo que se eligió. Esto es a fines prácticos, ya que, estrictamente, todas nuestras decisiones son arbitrarias.

jueves, febrero 05, 2009 - 04:08

Sales a ganarle a la brisa, jugando a resistir su empuje, una vez más. Sólo una vez más, como si fuera la primera y la última, irrepetible. Sientes la mano firme de un adulto envolviendo la tuya, su guía a través del aire, llevándote como a un turista por un recorrido precioso. Y su mano es necesaria para no convertirte en una boya y quedarte atrapado en el mismo lugar. El aire corre en todos lados, y así te resulta natural no quedarte parado. Mañana saldrás sólo a leer las brisas, ver dónde llevan, cerrando un puño al reconocer el camino, mirando alto, desvanecido en afecto.

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